És increible que la natura demani a crits ajuda, però més increible és que ningú l'escolti (Capra)

Aguileño, la versión murciana de Flipper

“Aguileño” es un delfín mular que prefirió convivir seis meses en una piscifactoría de Murcia rodeado de buceadores, que marchar con los de su especie a mar abierto.

El de “Aguileño” es el caso documentado más extremo de convivencia de un cetáceo con personas en aguas abiertas en España. El animal, un macho de delfín mular de de dos metros y medio de longitud y unos doscientos kilos de peso, prefirió quedarse durante medio año alimentándose junto a una piscifactoría de Aguilas y viviendo entre seres humanos, que hacerlo con los de su especie. Finalmente, la asociación ecologista Anse le ayudó a marcharse con una manada, cuando los juegos empezaron a suponer un peligro para los buceadores de la piscifactoría.  

El amigable delfín empezó a dejarse ver por las instalaciones de Culmamur (frente al paraje de Cuatro Calas, en Águilas) con otros delfines, algo habitual ya que suelen acudir a las granjas para alimentarse. Pero cuando la manada partió, “Aguileño” decidió quedarse. Con el tiempo el animal se dejaba ver más a menudo y más cerca, hasta que acabó convirtiéndose en al mascota de la piscifactoría, que compartía juegos y caricias con los buzos.

Pero pasados unos meses, la confianza del delfín con los buceadores le llevaba a llamar su atención cogiéndoles piernas y brazos con la boca, lo que estuvo a punto de causar algún accidente grave, a veinte metros de profundidad. Llegados a ese punto, la empresa decidió pedir ayuda al Servicio de Pesca de la Comunidad Autónoma, que a su vez pidió a Anse que interviniera por su gran experiencia en la investigación del comportamiento de los cetáceos.  

Pedro García, portavoz de Anse explica que “después de comprobar el comportamiento del animal en unas cuantas inmersiones, decidimos que lo mejor sería evitar el contacto con él, que los buceadores cortaran la relación”. Tras unas semanas el delfín desapareció, pero volvió pasado mes y medio, lleno de heridas y de mordiscos, probablemente como consecuencia del ataque de otros delfines al reintegrarse en alguna manada.

Aunque el animal buscó el contacto de los buzos, éstos lo evitaron de nuevo por recomendación de Anse. Después de unos días alimentándose y recuperándose de las heridas, “Aguileño” volvió a marchar para ya no volver. Ahora sólo esperan que haya encontrado su lugar entre los de su especie.  

Este caso se dió entre junio de 2008 y febrero de 2009, pero han decidido mantenerlo en secreto hasta un año después para evitar hacer un circo de todo ello, y que la gente acudiera al lugar a bañarse, ya que probablemente no habrían tenido en cuenta que en realidad se trata de un animal salvaje con mucha fuerza y podría haber supuesto un peligro.

Los casos más parecidos conocidos en España, aunque no tan extremos, son los del delfín “Gaspar”, que lleva dos años apareciendo en las rías gallegas, y el de “Paquito”, un delfín que vivió seis años en la bahía de La Concha (San Sebastián) entre 1998 y 2004.

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